La historia de Lino Canepele, quien llegó a Sudamérica con un proyecto industrial y terminó construyendo su vida en Paraguay, dio origen a un hotel impulsado por sus hijas: Di Garda Hotel. La propuesta combina tradición italiana, hospitalidad guaraní y planes para ampliar sus servicios.

La historia de Di Garda Hotel comenzó mucho antes de que el establecimiento tomara forma en Encarnación. Su origen está ligado a la trayectoria de Lino Canepele, un italiano que llegó a Sudamérica con un proyecto industrial y terminó construyendo una vida en Paraguay. Hoy, sus hijas Diana y Patricia impulsan el legado familiar a través de una propuesta que combina tradición europea, hospitalidad guaraní y planes de crecimiento.
Nacido y criado en los Alpes, en la provincia italiana de Trento, a orillas del Lago di Garda, Lino Canepele emprendió a los 27 años un viaje hacia América del Sur con la intención de instalar una fábrica de madera terciada. Su plan inicial era permanecer en el continente durante un máximo de tres años, pero el vínculo que desarrolló con Paraguay cambió el rumbo de su historia, pues se enamoró de la tierra guaraní, decidió quedarse y formó una familia con Gladys Coronel, con quien tuvo a Diana y Patricia Canepele.
El nombre del hotel recupera precisamente esa conexión con sus raíces, con el Lago di Garda, reconocido en la historia personal de Lino como un lugar de belleza y serenidad. Este se convirtió en la inspiración para el proyecto que sus hijas terminaron de impulsar después de su fallecimiento, antes de que la iniciativa pudiera concretarse.

De esta manera, Di Garda Hotel representa tanto una apuesta empresarial como un homenaje a la memoria de Lino. La propuesta busca trasladar a Encarnación parte de esa experiencia asociada al paisaje italiano, reinterpretada en un entorno marcado por el río Paraná, la naturaleza y las particularidades de la hospitalidad paraguaya.

Di Garda hoy
La gestión cotidiana, sin embargo, supone desafíos que van más allá de preservar una identidad y, para Diana Canepele, Directora de Administración y Finanzas, el funcionamiento de un hotel exige atención constante a los detalles, capacidad de adaptación y una búsqueda permanente de mejoras que permitan responder a las expectativas de los huéspedes.
«En realidad, el desafío es inmenso: descubrimos cada día cómo llevar adelante todo lo que implica el funcionamiento de un hotel, cuidando los detalles con el objetivo de que el huésped se sienta en casa y con seguridad, e innovando permanentemente en todo lo que sea posible», expresó.
La orientación del establecimiento apunta a consolidarse como un espacio familiar, en el que la experiencia de alojamiento esté acompañada por un trato cercano y por condiciones que transmitan confianza. En ese sentido, la identidad que inspira al hotel no se limita a su nombre o a sus elementos visuales, sino que busca reflejarse también en la atención y en la calidad del servicio.
La conexión con Italia ocupa un lugar importante en ese objetivo y, según explicó Canepele, los viajes frecuentes al país europeo les permiten mantener vivas las tradiciones y costumbres que forman parte de la historia de la familia y que procuran trasladar a la experiencia que ofrecen a sus visitantes.
«Queremos que sea un lugar familiar, donde los huéspedes sientan la seguridad y la hospitalidad y, sobre todo, reciban el servicio que desean. Viajamos permanentemente a Italia para no perder la tradición y las costumbres, que buscamos transmitir a través de nuestro servicio», señaló.

Potencial de crecimiento
En cuanto a la evolución del negocio, Canepele considera que el desarrollo del hotel ha sido satisfactorio y que su ubicación constituye uno de los factores que pueden favorecer su crecimiento. La accesibilidad de la zona y su conexión con el movimiento fronterizo representan oportunidades para captar visitantes que llegan a Encarnación por diferentes motivos.
A esto se suma la actividad que genera la ciudad a través de acontecimientos como el Rally y el Carnaval, eventos que contribuyen al movimiento turístico y que, de acuerdo con la directiva, alientan las perspectivas del establecimiento.
Canepele adelantó que las próximas etapas estarán orientadas a continuar el crecimiento y desarrollar servicios que todavía no forman parte de la oferta actual, pero que ya se encuentran contemplados en los planes del establecimiento. La incorporación de estas prestaciones se proyecta con el criterio de priorizar el bienestar de los huéspedes y ampliar gradualmente la experiencia que pueden encontrar durante su estadía.
Para Di Garda Hotel, crecer implica, por lo tanto, consolidar una operación que exige innovación constante, al mismo tiempo que conserva el componente familiar que dio origen al proyecto. La historia de Lino Canepele, marcada por el cruce entre dos países y dos culturas, sigue siendo el punto de partida de esa visión.
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