La nueva familia de billetes del Banco Central del Paraguay recupera el rostro de Celsa Speratti y corrige una equivocación histórica arrastrada desde la anterior emisión, cuando se había confundido su retrato con el de Concepción Silva de Airaldi. Para Mary Monte de López Moreira, historiadora, docente e investigadora, este cambio no solo repara una identificación, sino que reivindica a dos mujeres decisivas en la transformación de la educación paraguaya.

Ayer, durante la presentación de la nueva familia de billetes del Banco Central del Paraguay, las hermanas Adela y Celsa Speratti dejaron atrás la denominación de G. 2.000 para ocupar un lugar en el billete de G. 50.000. Sin embargo, ese no fue el único cambio, ya que hay una rectificación pendiente desde hace varios años. 

El rostro que aparecía en el antiguo billete de G. 2.000, atribuido a Celsa Speratti, correspondía en realidad a otra docente. La identificación equivocada motivó investigaciones y gestiones de historiadores ante el Banco Central, con el objetivo de devolver a Celsa su verdadera imagen.

Mary Monte de López Moreira, historiadora, docente e investigadora. - FOTO: GENTILEZA
Mary Monte de López Moreira, historiadora, docente e investigadora. – FOTO: GENTILEZA

La historiadora, docente e investigadora Mary Monte de López Moreira explica que, desde que el billete de G. 2.000 entró en circulación en el 2009, múltiples historiadores comenzaron a contactarse con el Banco Central del Paraguay para rectificar el error. La historiadora explica que la corrección no podía hacerse de manera inmediata, porque el billete ya había sido emitido. La solución llegó con el proyecto de una nueva familia monetaria.

El proceso comenzó en 2021, en plena pandemia, cuando especialistas y autoridades empezaron a trabajar en los contenidos históricos que acompañarían a los nuevos billetes. Monte de López Moreira aportó entonces investigaciones previas, entre ellas las vinculadas con las pioneras de la educación paraguaya, además de documentación y fotografías que permitieron reconstruir con mayor precisión la apariencia de Celsa.

«Yo había escrito también un libro sobre las pioneras de la educación paraguaya, entonces apelamos a todas las investigaciones que habíamos hecho con anterioridad para que se pudiese subsanar esa equivocación», explica la investigadora. El trabajo también incluyó el contacto con familiares de las educadoras, quienes facilitaron nuevas fotografías para contrastar los registros disponibles.

La tarea no consistió simplemente en sustituir una fotografía por otra. Se trató de reunir evidencias para establecer quién debía representar a Celsa Speratti y, a partir de allí, construir una imagen adecuada para la nueva emisión. En ese proceso, los archivos históricos, los libros y los testimonios familiares funcionaron como piezas de una misma reconstrucción.

La incorporación de las hermanas Speratti adquiere además un sentido dentro de una lectura más amplia de la historia paraguaya. Monte de López Moreira señala que los personajes escogidos para los billetes siguen una secuencia histórica, desde los pueblos indígenas y los evangelizadores hasta figuras centrales de la República, las guerras internacionales y la reconstrucción posterior.

«Todas las imágenes que aparecen son secuenciales históricamente», sostiene la historiadora. Bajo esa lógica, Adela y Celsa aparecen después de la Guerra de la Triple Alianza, en un momento en que el Paraguay había quedado profundamente afectado y debía reconstruir sus instituciones. Para Monte, la educación fue una de las primeras áreas sobre las que se decidió volver a edificar el país.

La «feminización de la enseñanza»

Las hermanas habían estudiado en Argentina, primero en Buenos Aires y posteriormente en Concepción del Uruguay, donde entraron en contacto con las nuevas corrientes pedagógicas de la época. Su formación las convertiría luego en figuras fundamentales para una enseñanza que buscaba responder a las necesidades de un país que intentaba recomponerse después de la guerra.

«Entonces, lo primero que hicieron los gobiernos de la posguerra fue ocuparse de la educación», explica Monte. En ese escenario, Rosa Peña tuvo un papel importante al impulsar el regreso de las dos educadoras paraguayas. Cuando se fundó la Escuela Normal, Adela asumió la dirección, dando inicio a una etapa decisiva para la formación de nuevos docentes.

Para la historiadora, la trascendencia de las Speratti está también en el cambio que produjeron dentro del sistema educativo. Hasta entonces, la enseñanza había estado mayoritariamente en manos de hombres. La presencia de estas educadoras contribuyó a ampliar la participación femenina y a generar un nuevo escenario profesional para las mujeres paraguayas vinculadas con la educación.

«Hasta antes de ellas, todos los maestros desde la época colonial, eran hombres», señala. Monte explica que, con la apertura de nuevas instituciones de formación, comenzaron a incorporarse numerosas mujeres que posteriormente llegarían a desempeñarse como maestras en distintos puntos del país.

Ese proceso es el que la investigadora resume al hablar de la «feminización» de la enseñanza. No se refiere únicamente a una mayor presencia de mujeres en las aulas, sino a una transformación de la estructura educativa paraguaya en la que ellas comenzaron a ocupar un espacio profesional sostenido. La figura de las Speratti representa, así, un cambio social además de pedagógico.

«Por eso hablo de la feminización de la enseñanza, que fue lo más importante en el periodo de la posguerra», afirma Monte de López Moreira. La nueva familia de billetes incorpora esa mirada histórica al colocar a Adela y Celsa como protagonistas de una etapa en la que educar también significó reconstruir el país y abrir oportunidades para las mujeres.

La corrección del billete, por tanto, trasciende el reemplazo de un rostro. Después de cinco años de trabajo, investigación y consulta documental, Celsa Speratti vuelve a ser representada por una imagen que corresponde a su identidad. Y junto con Adela, queda vinculada a una historia que Monte considera esencial para comprender cómo el Paraguay de la posguerra volvió a levantarse.

En el nuevo billete de G. 50.000, las hermanas comparten espacio como parte de esa secuencia histórica que conecta distintas etapas del país. Su presencia devuelve visibilidad a dos mujeres cuya influencia excedió las aulas: fueron parte de una transformación educativa que modificó quiénes podían enseñar y ayudó a formar una nueva generación de maestras.

La rectificación también revela que los billetes pueden ser algo más que instrumentos de intercambio. Son pequeñas piezas de memoria que circulan diariamente y que, con cada transacción, reproducen una determinada manera de contar el país. En este caso, la nueva familia monetaria corrige una identificación y, al mismo tiempo, recupera el protagonismo de dos pioneras.

Así, el rostro de Celsa Speratti llega finalmente al billete que le corresponde, acompañado por el de su hermana Adela. El resultado de aquel trabajo iniciado en 2021 no solo repara una equivocación documental: también vuelve visible una parte de la reconstrucción paraguaya de la posguerra y el lugar que ocuparon las mujeres en ella.

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