La maternidad dejó de responder a un calendario único y hoy muchas mujeres deciden esperar para formar una familia mientras priorizan estudios, proyectos profesionales, estabilidad económica o decisiones personales. Para el Dr. Pedro Pablo Guanes, Director de la Clínica Gibir, esa postergación tiene una dimensión biológica que no puede ignorarse: con el paso de los años, disminuyen la cantidad y calidad de los óvulos.

Durante las últimas décadas, el momento elegido para tener hijos comenzó a desplazarse. Las razones atraviesan la vida cotidiana: terminar una carrera, consolidar una trayectoria laboral, alcanzar estabilidad económica o simplemente esperar el momento considerado adecuado. Sin embargo, la biología mantiene sus propios tiempos y plantea desafíos cuando la búsqueda de un embarazo ocurre más tarde.

«Yo creo que la enfermedad del siglo XXI es la edad», sostiene Guanes. Según explica, muchas comienzan a buscar un hijo alrededor de los 34 o 35 años, cuando la reserva ovárica ya empieza a experimentar un descenso progresivo.

Dr. Pedro Pablo Guanes, Director de la clínica Gibir - Forbes PY
Dr. Pedro Pablo Guanes, Director de la clínica Gibir – Forbes PY

La reserva ovárica se refiere al conjunto de óvulos disponibles para la reproducción. De acuerdo con el especialista, a partir de los 35 años comienza un proceso de disminución que puede dificultar la concepción. Después de los 40, agrega, las probabilidades de embarazo son menores y también aumenta la posibilidad de atravesar embarazos con mayores complicaciones médicas.

«Con menos óvulos y óvulos de menor calidad, o sea, menor cantidad y menor calidad, lo que tenemos son menores chances de embarazo por encima de los 40, no imposible, pero sí menores chances de embarazo y también embarazos más complicados», explica. 

A la edad también se suman riesgos asociados a la hipertensión, la diabetes y alteraciones cromosómicas. Esta diferencia biológica adquiere relevancia cuando la decisión de postergar la maternidad coincide con una etapa de menor reserva reproductiva. Mientras la mujer cuenta con una cantidad determinada de óvulos que disminuye con el tiempo, el hombre mantiene una producción permanente de espermatozoides. Guanes señala que también existen alteraciones genéticas asociadas con la edad paterna, especialmente desde los 40 años.

En ese contexto, algunas mujeres llegan a la consulta después de varios meses de intentar concebir. Guanes observa que hay pacientes que buscan ayuda rápidamente y otras que esperan uno o dos años antes de realizar estudios. Ese lapso puede resultar relevante cuando la edad ya supera los 35 años y existen condiciones que afectan la fertilidad.

«Hay gente que no tiene tanta ansiedad y dice no vamos a dejar pasar uno o dos años, y uno o dos años ya nos tiramos más allá de los 35, cuando sí ya hay problemas», apunta. 

Entre otras causas femeninas de infertilidad menciona el ovario poliquístico, la endometriosis y enfermedades que pueden afectar las trompas. Frente a este escenario, la medicina reproductiva ofrece distintas alternativas. En Paraguay, según Guanes, los tratamientos más habituales son la inseminación artificial y la fecundación in vitro. La elección depende de las condiciones particulares de cada paciente y de los resultados de los estudios, por lo que la edad es un factor relevante, pero no el único criterio médico.

Maternidad, paternidad, hijos, padres - Maternidad, paternidad, hijos, padres
 

«Yo creo que no hay una edad», afirma al ser consultado sobre cuándo debería comenzar una mujer a considerar un tratamiento de reproducción asistida. Una paciente joven con una dificultad específica puede necesitar una fecundación in vitro, mientras otra de mayor edad y con parámetros favorables puede comenzar con una inseminación artificial.

La edad, sin embargo, sí modifica las estrategias. Guanes explica que alrededor de los 40 años la fecundación in vitro suele ser utilizada porque permite recurrir a una alternativa más efectiva para buscar el embarazo. Antes de llegar a ese punto, los estudios sobre trompas, semen y ovulación ayudan a determinar qué procedimiento resulta más conveniente para cada caso.

La criopreservación también incorporó una alternativa para quienes desean postergar la maternidad. El procedimiento permite congelar o vitrificar óvulos obtenidos mediante estimulación ovárica, con la intención de conservar el patrimonio genético para una eventual búsqueda de embarazo posterior. Según Guanes, es una práctica habitual en los centros de reproducción asistida.

«Es muy común la criopreservación, o sea, la congelación o vitrificación de los óvulos», señala. Muchas mujeres procuran realizarla antes de los 35 años, cuando la reserva ovárica todavía presenta mejores condiciones. Si la decisión se toma a los 36, 37 o 38 años, puede disminuir la cantidad de óvulos obtenidos y comprometerse parte de su calidad genética.

La preservación tampoco está limitada a períodos breves. De acuerdo con el especialista, óvulos y espermatozoides pueden permanecer congelados durante mucho tiempo. En la clínica que dirige existen muestras y embriones que llevan cerca de 25 o 27 años de criopreservación, una posibilidad que evidencia cuánto evolucionaron las técnicas de reproducción asistida.

«Tanto los óvulos como los espermatozoides pueden permanecer congelados por muchísimo tiempo», explica. 

La tecnología permite así ampliar las alternativas para quienes deciden postergar la maternidad, aunque el procedimiento requiere una evaluación médica y responde a circunstancias particulares de cada mujer. La información también modificó el acceso al conocimiento sobre fertilidad. Según Guanes, conceptos que antes estaban principalmente en manos de estudiantes y profesionales de medicina hoy circulan ampliamente en redes sociales y mediante especialistas que explican estos temas. La inteligencia artificial también forma parte de ese nuevo escenario informativo, aunque la consulta médica continúa siendo necesaria para evaluar cada situación.

«Las barreras de conocimiento fueron vencidas de un tiempo a esta parte por la tremenda cantidad de información a la que se puede acceder», sostiene. 

La postergación de la maternidad, en definitiva, responde a decisiones personales atravesadas por estudios, trabajo, economía y proyectos de vida. Pero esas elecciones conviven con un proceso biológico que continúa avanzando independientemente del calendario personal. En ese cruce, conocer las posibilidades de preservación y reproducción asistida permite tomar decisiones con mayor información sobre el futuro reproductivo.

forbes.com.py/