La capital encara una intervención de largo plazo que combina espacio público, patrimonio, movilidad, vivienda, drenaje, seguridad e inversión privada. Así se presentó el Manual de Diseño Urbano, que fija reglas para ordenar las futuras obras, mientras ya avanzan proyectos concretos en plazas, calles y corredores estratégicos; la meta está puesta en 2037, cuando Asunción cumplirá 500 años.
Asunción no está planteando una obra puntual para renovar su Centro Histórico, sino una hoja de ruta para modificar progresivamente la manera en que se vive, se recorre, se habita y se invierte en el corazón de la capital. La presentación del nuevo Manual de Diseño Urbano del Centro Histórico de Asunción (CHA), realizada en el marco del Foro Asunción 500 Años el pasado 13 de agosto, puso en blanco y negro una estrategia que busca llegar a 2037 con una ciudad más accesible, conectada, segura, activa y capaz de volver a atraer población e inversiones.
La fecha funciona como horizonte político y urbano, pues este 15 de agosto Asunción cumple 489 años y quedan 11 años para alcanzar el quinto centenario. El desafío, según las autoridades, es utilizar ese período no solamente para preparar una celebración, sino para ejecutar una transformación que trascienda a la actual administración y genere efectos durante las próximas décadas.
El propio programa del foro planteó la reconversión del Centro Histórico como un proceso que debe integrar resiliencia, calidad del espacio público, vivienda, desarrollo económico, inversión y coordinación entre instituciones.
La primera diferencia respecto de intervenciones anteriores está en el alcance. El manual no es un catálogo estético, sino un instrumento técnico que establece criterios para las futuras actuaciones sobre calles, veredas, vegetación, drenaje, iluminación, mobiliario urbano, accesibilidad y otros componentes del espacio público.
Que el Centro vuelva a estar vivo
La Primera Dama, Leticia Ocampos, planteó que el punto de partida debe ser cambiar la concepción del Centro Histórico como un espacio destinado principalmente al tránsito o a preservar edificios antiguos. Su objetivo es recuperar la zona como un lugar donde vuelvan a convivir residentes, comercios, jóvenes, emprendedores, visitantes y nuevas inversiones.
“No queremos un Centro Histórico convertido en un museo ni una Asunción que viva solamente de sus recuerdos. Queremos recuperar su patrimonio para volver a habitarlo, recuperar sus plazas para volver a encontrarnos y mejorar sus calles para volver a caminarlas; y, sobre todo, generar las condiciones para que familias, jóvenes, emprendedores, comercios e inversiones vuelvan a elegir el Centro”, puntualizó Ocampos.

Ese enfoque también explica por qué la agenda no termina en la recuperación física de una plaza o una calle. El programa oficial del foro incorporó paneles específicos sobre repoblamiento, vivienda, gobernanza, patrimonio, seguridad, turismo, inversión privada y participación ciudadana.
La intención es que la recuperación de los espacios públicos se conecte con políticas capaces de generar actividad permanente, y no únicamente una mejora visual de determinadas zonas.
El Presidente Santiago Peña llevó esa discusión hacia una dimensión económica, pues su lectura fue que un Centro Histórico recuperado puede convertirse en un nuevo foco de actividad si las obras públicas consiguen generar condiciones para que aparezcan nuevos negocios, viviendas, servicios y puestos de trabajo. En ese esquema, la infraestructura es vista como un catalizador para el capital privado.
“Recuperar Asunción no es solamente una decisión urbana o patrimonial, es también una decisión económica. Tenemos patrimonio, infraestructura, servicios, conectividad, instituciones, universidades, comercios y una posición privilegiada frente al río; el desafío es revertir décadas en las que una parte importante de ese potencial fue perdiendo actividad económica, población y, por ende, inversiones”, expresó el mandatario.
El objetivo, agregó Peña, es generar un círculo virtuoso en el que la intervención pública no termine en la obra misma. La expectativa oficial es que una plaza recuperada, una avenida renovada, una red modernizada o una mejora en seguridad eleve el valor y la funcionalidad del entorno y, a partir de allí, atraiga nuevos proyectos.

Un manual transformador
Uno de los componentes más concretos del nuevo instrumento es la definición de una nueva morfología vial. Las calles pasan a clasificarse según su jerarquía y función, con tipologías que incluyen vías de mayor circulación, calles de convivencia y espacios peatonales.
La idea es equilibrar el tránsito de vehículos con las necesidades de peatones y ciclistas y, al mismo tiempo, preservar el paisaje arquitectónico y el carácter histórico del área. Las veredas también pasan a tener un diseño estandarizado, pues el esquema contempla tres franjas.
Primero se desprende una interna, vinculada a la transición entre edificios y vía pública; una franja de circulación segura, libre de obstáculos y con un ancho mínimo de 1,20 metros; y una franja de servicio, destinada a árboles, mobiliario y otros elementos urbanos. En las esquinas, el manual prevé ensanchamientos para reducir las distancias de cruce e incorpora soluciones como los cruces elevados o “pompeyanos” para obligar a disminuir la velocidad vehicular.
La accesibilidad universal se convierte así en una condición de diseño y no en un agregado posterior. En materia de pavimentos, el manual contempla baldosas graníticas e intertrabadas, además de baldosas podotáctiles de alerta y guía para facilitar el desplazamiento de personas con discapacidad visual. En el eje cívico de Paraguayo Independiente se prevé, además, un tratamiento diferenciado con adoquines históricos para conservar la identidad institucional de la zona.
El mobiliario también tendrá criterios comunes, pues se contemplan bancos de diferentes tipos, bolardos para proteger áreas peatonales, farolas LED de luz cálida, refugios de buses con componentes sustentables y espacios para información y residuos. El manual incorpora, además, caniles, puestos de venta fijos y móviles, estructuras de sombra y puntos de carga electrónica y wifi.

La infraestructura
La transformación incorpora otra dimensión: la adaptación de la ciudad a eventos climáticos extremos. El manual plantea sistemas urbanos de drenaje sostenible, como alcorques drenantes, canteros lineales y pavimentos permeables capaces de infiltrar el agua de lluvia, mientras que también establece criterios para ampliar el uso de vegetación nativa y generar más sombra; así, la intención es reducir simultáneamente el riesgo de inundaciones y el efecto de isla de calor urbana.
Ese componente fue destacado por Ursula Blotte, representante del Banco Mundial, quien remarcó que el proyecto supera la lógica de una intervención puramente física y forma parte de una visión más amplia de ciudad. Para el organismo, el desafío consiste en recuperar la relación entre Asunción, sus barrios y el río, incorporando resiliencia, inclusión y capacidad de adaptación.
“Este proyecto no es únicamente de infraestructura ni estamos hablando solamente de obras. Es una oportunidad mucho más grande para volver a mirar al río, recuperar áreas con enorme valor histórico y cultural y pensar la ciudad desde una óptica más resiliente, integrada e inclusiva; la franja costera está llena de identidad, comunidad y cultura, y su recuperación tiene un enorme potencial para el desarrollo de Asunción”, expresó.
El Proyecto de Resiliencia Urbana de la Franja Costera de Asunción, dentro del cual se inscribe buena parte de esta agenda, contempla un financiamiento de US$ 105 millones del Banco Mundial. La iniciativa abarca cuatro grandes áreas: el Banco San Miguel y la Bahía de Asunción, el Parque Caballero, el Distrito Eco-Inclusivo y el Centro Histórico.
Blotte remarcó además que una transformación de esta escala exige coordinación entre instituciones y comunidades. El Banco Mundial, explicó, no participa únicamente con financiamiento, sino también con asistencia técnica; así, el eje es que las soluciones respondan al contexto local y tengan como centro a quienes viven y utilizan los espacios.

Primera fase en marcha
El proyecto dejó de estar solamente en el terreno de la planificación, pues la primera fase de la Revitalización del Centro Histórico fue licitada por el Ministerio de Obras Públicas y Comunicaciones (MOPC) con una inversión estimada inicialmente en G. 77.156 millones.
El alcance incluye la calle Paraguayo Independiente, el conjunto de plazas del entorno del Cabildo, la Plaza de los Desaparecidos, la Plazoleta Isabel la Católica, la Plaza Uruguaya y calles aledañas.
Posteriormente, la adjudicación de la Fase 1 quedó a cargo del Consorcio Palma, integrado por Compañía de Construcciones Civiles S.A. y TECO S.R.L. Así, ubicaron la inversión adjudicada en torno a G. 71.000 millones, mientras que el proyecto había sido presentado originalmente con una estimación superior.
En el cronograma anunciado para esta primera etapa se incluyeron cuatro frentes: la renovación de la Plaza Uruguaya y su entorno; la intervención integral del eje de Paraguayo Independiente; el conjunto de la Plaza Mayor y la Plaza de los Desaparecidos; y la mejora de la antigua Estación Central del Ferrocarril. La Ministra del MOPC, Claudia Centurión,fue explícita al señalar que el proceso ya entró en su etapa de ejecución.
“Este proyecto ya está en marcha y está en plena ejecución. La Plaza Uruguaya se está renovando, el Parque Caballero también está en ejecución, mientras que Paraguayo Independiente va a cambiar veredas, pavimento, drenaje pluvial y paisajismo. Estamos trabajando para generar condiciones que permitan que nuestros edificios patrimoniales vuelvan a mostrar sus mejores galas”.
En junio comenzaron además los trabajos de puesta en valor de la Plaza Uruguaya, con mejoras en senderos, juegos infantiles, sectores de descanso, mobiliario, sanitarios y accesibilidad. El proyecto prevé conservar buena parte de la vegetación existente y restaurar piezas patrimoniales y luminarias históricas.

Soterrar cables
Uno de los cambios menos visibles en términos de infraestructura, pero con mayor impacto visual, es el soterramiento de redes eléctricas y de telecomunicaciones. En una intervención complementaria impulsada por la Administración Nacional de Electricidad (ANDE) se proyectaron 16.000 metros de redes subterráneas y la instalación de 500 artefactos LED de alumbrado público.
Además, se planificó el retiro de los conductores aéreos existentes y la intervención abarca calles como Estrella, 25 de Mayo, Benjamín Constant, Presidente Franco, Paraguayo Independiente y Don Bosco, además de los alrededores de la Catedral, el Cabildo y el Congreso.
Por otra parte, la recuperación del Centro tampoco se está planteando como una suma de plazas aisladas. El proyecto contempla la conexión de distintos espacios públicos para formar recorridos urbanos más continuos y recuperar el centro como lugar de permanencia.
En paralelo a Plaza Uruguaya, avanzan actuaciones vinculadas al Parque Caballero, mientras el Gobierno ha planteado la recuperación del conjunto de plazas del Cabildo, Plaza de los Desaparecidos, Isabel la Católica y la futura Plaza Mayor. El objetivo es que el patrimonio, el espacio público y la movilidad peatonal funcionen como un sistema.
En el caso del Parque Caballero, se trata de una intervención sobre 13 hectáreas, con recuperación de infraestructura, sectores históricos y adecuación para nuevos usos ciudadanos. Las obras forman parte del mismo programa de Resiliencia Urbana, aunque su tratamiento requiere criterios específicos y el propio Manual de Diseño Urbano excluye al parque de su ámbito normativo directo debido a sus particularidades.

Del patrimonio a la economía
Uno de los argumentos centrales del proyecto es que recuperar el Centro Histórico puede ser también una política económica. La zona ya cuenta con servicios, infraestructura, edificios, instituciones, universidades y conectividad; el desafío consiste en convertir esa base instalada en una ventaja para atraer población, consumo e inversión.
Alonso Chaverri Suárez, representante del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), llevó a la discusión ejemplos latinoamericanos para mostrar que la inversión pública puede tener un efecto multiplicador sobre el capital privado. Citó la experiencia de Santo Domingo y del Centro Histórico de São Luís, en Brasil, como casos en los que la revitalización urbana fue acompañada por generación de empleo y nuevas inversiones.
“La revitalización de un Centro Histórico debe incluir desarrollo económico, inclusión social, movilidad y espacio público. En Santo Domingo, una inversión pública de US$ 30 millones terminó movilizando US$ 100 millones de inversión privada. En São Luís, la intervención permitió generar 780 empleos, oportunidades para 170 microempresarios y beneficios para una comunidad de 33.000 personas”, resaltó.
La referencia internacional no es menor porque el objetivo declarado por el Gobierno es que la recuperación del Centro pueda volver a funcionar como un catalizador de actividad privada. La recuperación de espacios públicos, por sí sola, no garantiza que el Centro Histórico vuelva a estar habitado; por ello, el segundo gran componente de la estrategia es el repoblamiento.
El Gobierno ya viene articulando medidas para facilitar el acceso a vivienda en Asunción. Entre ellas se encuentra el fortalecimiento de Che Róga Porã, con créditos de hasta G. 725 millones, para viviendas de hasta G. 1.000 millones, con plazos de hasta 30 años y una tasa de 6,5%, además de una reducción de más del 50% del impuesto inmobiliario en el Centro Histórico.
La estrategia de repoblamiento busca que el Centro no quede reducido a un espacio de oficinas, instituciones o actividad comercial diurna. La apuesta es recuperar edificios, facilitar nuevas viviendas, atraer consumidores y generar actividad durante todo el día; en línea con una ciudad recuperada se necesita residentes, comercios y servicios que permanezcan activos.

Una transformación mayor
La agenda de Asunción 500 años no termina en el perímetro del casco histórico. Las autoridades plantean una red más amplia de intervenciones que incluye movilidad, infraestructura social, vivienda y recuperación de la franja costera.
Centurión mencionó durante el foro la infraestructura que se desarrolla en la Costanera Sur, donde se trabaja sobre un área de 64 hectáreas para crear un nuevo sector urbano con redes, calles y servicios. Según su exposición, se encuentra en evaluación la construcción de más de 1.500 viviendas, con capacidad para albergar a más de 5.000 personas.
También mencionó el proyecto del tren de cercanías y la recuperación de la antigua Estación Central del Ferrocarril como parte de una estrategia de movilidad que busca conectar mejor a la población con el Centro y devolverle a ese inmueble un papel relevante dentro de la ciudad.
La dimensión territorial es importante porque la transformación del Centro Histórico dependerá, en buena medida, de cómo se conecte con el resto de Asunción. El problema ya no se plantea solamente como “qué hacer en el centro”, sino como “qué papel debe cumplir el centro dentro de una nueva estructura urbana”.
Una hoja de ruta que pueda sobrevivir a los gobiernos es, quizás, el desafío de mayor escala del proyecto. El propio diseño del foro mostró que la discusión no quedó limitada a una sola institución: participaron el Gobierno Nacional, la Municipalidad, organismos multilaterales, autoridades de vivienda, cultura y energía, representantes empresariales, especialistas internacionales, entre otros.
La experiencia internacional presentada en el encuentro apunta precisamente a esa necesidad: una revitalización urbana no puede depender únicamente de una obra o de un período de gobierno. Requiere políticas sostenidas, mecanismos de coordinación y una institucionalidad capaz de sostener la hoja de ruta cuando cambien las autoridades.

Qué cambia concretamente
En términos prácticos, la transformación que comienza a tomar forma puede resumirse en varios frentes que funcionarán de manera simultánea: calles con nuevas tipologías y prioridad peatonal; veredas más anchas, continuas y accesibles; drenaje urbano sostenible; más vegetación y sombra; redes eléctricas y de servicios soterradas; entre otros factores
La aplicación del manual se circunscribe al Centro Histórico y su Área de Amortiguamiento, aunque determinadas áreas, como el área portuaria, el Parque Caballero y Chacarita Alta, quedan fuera de su aplicación directa por sus características particulares y deberán contar con estrategias específicas.
El gran proyecto, por lo tanto, no puede medirse solamente por cuántas plazas se recuperen o cuántos kilómetros de cable se entierren. La verdadera transformación se jugará en la capacidad de conseguir que el Centro vuelva a concentrar vida urbana.
Así, el manual busca ordenar cómo se interviene físicamente; los proyectos de infraestructura buscan hacer posible esa renovación; las políticas de vivienda apuntan a repoblar; la inversión privada debería multiplicar el efecto; y la participación ciudadana pretende evitar que la transformación se diseñe exclusivamente desde los escritorios.
“Este manual también es memoria y también es futuro. Un Centro Histórico bien cuidado atrae turismo, moviliza el comercio y abre oportunidades de trabajo para que las familias vivan mejor y puedan desarrollarse en el centro. No hablamos solo de urbanismo: hablamos de dignidad, de identidad y de oportunidades reales para las personas”, remarcó la Ministra Centurión sobre el punto.
Así, la Asunción que se proyecta hacia 2037 no busca convertirse en otra ciudad, sino recuperar funciones que alguna vez ya tuvo, volviendo a ser un centro habitado, recorrido, productivo, institucional y cultural. El desafío ahora es convertir un conjunto ambicioso de planes, obras, normas e inversiones en una transformación sostenida.
Ahora, los próximos 11 años determinarán si el quinto centenario encuentra a Asunción solamente celebrando su historia o también mostrando una nueva etapa de ciudad.
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