A más de 18.000 kilómetros de Paraguay, compatriotas radicados en Japón cultivan mandioca y maíz, producen almidón y hasta elaboran queso Paraguay para abastecer a la comunidad migrante. La cosecha de la también conocida como yuca, prevista para octubre de 2026, ya tiene pedidos anticipados y vuelve a demostrar que la identidad también puede echar raíces lejos de casa.
Hay sabores que desafían las distancias. Aunque Paraguay y Japón están separados por más de 18.000 kilómetros, la mandioca, el maíz, la chipa, el mbeju y la sopa paraguaya siguen llegando a las mesas de familias paraguayas radicadas en el país asiático.
Detrás de esta conexión con la tierra de origen están compatriotas que encontraron en la agricultura y la elaboración artesanal de alimentos una manera de mantener vivas sus costumbres. Algunos cultivan mandioca y maíz; otros procesan almidón o elaboran queso Paraguay, productos que son comercializados principalmente dentro de la propia comunidad.
La historia fue dada a conocer por Miryan Megumi Kumagai Yamashita, dirigente de la colectividad paraguaya en Japón y autora del libro Paraguay, sabor de mis recuerdos, aromas que llegan al corazón, una obra escrita íntegramente en japonés con el propósito de acercar la gastronomía y la cultura paraguaya al público nipón.
Durante la investigación que realizó para escribir el libro, Megumi descubrió numerosas historias de compatriotas que encontraron la forma de reproducir en ese lejano país algunos de los ingredientes fundamentales de la cocina paraguaya.
“Muchos paraguayos no quieren perder las costumbres ni los sabores con los que crecieron. Por eso se fueron desarrollando emprendimientos para cultivar y producir alimentos típicos”, explicó durante una entrevista concedida a los Medios del Estado desde Tokio.
La mandioca de Itapúa que llega a Japón
Uno de los ejemplos más llamativos es la producción de mandioca. La cosecha se realiza tradicionalmente en octubre y existe una demanda importante entre las familias paraguayas, que suelen adquirir cantidades considerables para congelarlas y disponer del producto durante buena parte del año.
La campaña de pedidos anticipados para la cosecha de octubre de 2026 ya comenzó a través de las redes sociales. Los productores promocionan sus cultivos principalmente en Facebook y ofrecen reservas para las entregas previstas durante ese mes.

Uno de los anuncios difundidos recientemente promociona “Mandioca de Itapúa, fresca en Japón, cosechada en octubre de 2026”, acompañado de una frase que resume el espíritu de estos emprendimientos: “Directo de la tierra a tu mesa”.
La oferta es limitada y los productores establecen cupos de reserva debido a la cantidad disponible.
Un alimento que también tiene valor económico
Además de su fuerte carga emocional para los migrantes, la mandioca paraguaya representa un producto de valor en el mercado japonés. Según explicó Megumi, su precio puede rondar los USD 5 por kilogramo, equivalentes a unos G. 30.000, aunque el valor puede variar.

Para quienes viven lejos de esta parte del mundo, sin embargo, el precio no es necesariamente el factor principal. Tener mandioca para preparar una comida familiar, elaborar chipa o acompañar otros platos tradicionales significa recuperar aromas y sabores asociados a la infancia y a la vida cotidiana en el país.
Es también una manera de transmitir esas costumbres a los hijos y nietos de paraguayos nacidos o criados en Japón.
Maíz, almidón y otros ingredientes de la cocina paraguaya
La producción de alimentos paraguayos en Japón no se limita a la mandioca. De acuerdo con el relato de Megumi, compatriotas establecidos en distintas regiones del país asiático también cultivan variedades de maíz utilizadas en preparaciones tradicionales.
Parte de la mandioca cosechada, además, es procesada para obtener almidón, uno de los ingredientes esenciales para preparar chipa, mbeju y otras comidas típicas.
Estos emprendimientos fueron ampliando las posibilidades de acceder a productos paraguayos que durante años resultaban difíciles de conseguir fuera del país.
El desafío de reproducir el queso Paraguay
Uno de los mayores desafíos para quienes intentan mantener la gastronomía paraguaya en Japón fue reproducir el tradicional queso Paraguay, ingrediente fundamental de numerosas recetas.
La colectividad, sin embargo, encontró alternativas. Megumi relató que algunos emprendedores realizaron importantes esfuerzos para conservar el método tradicional de elaboración e incluso llevaron cuajo para intentar obtener un queso con características similares al producido en Paraguay.
“Llegaron incluso a llevar el cuajo para poder hacer el queso con las mismas características que conocemos en Paraguay”, comentó.
Actualmente, algunos compatriotas elaboran queso Paraguay por encargo para familias que buscan preparar sopa paraguaya, chipa, mbeju y otras comidas tradicionales con ingredientes lo más cercanos posible a los originales.
La oferta se mueve principalmente mediante grupos y perfiles de redes sociales, donde los integrantes de la colectividad intercambian información sobre productores, disponibilidad y fechas de entrega.
Cuando la gastronomía se convierte en identidad
El propósito inicial del libro Paraguay, sabor de mis recuerdos, aromas que llegan al corazón era presentar la gastronomía paraguaya al público japonés. Sin embargo, la investigación terminó revelando una historia mucho más amplia: la forma en que los alimentos se convirtieron en una herramienta para preservar la identidad de los paraguayos que viven lejos de su país.
La primera edición, de 850 ejemplares, se agotó completamente, reflejando el interés que generan Paraguay, su cultura y sus sabores en Japón.
Pero detrás de las recetas y de los ingredientes aparecen historias de agricultores, cocineros y emprendedores que trabajan para que las tradiciones no se pierdan con la distancia.
Son paraguayos que siembran maíz, cultivan mandioca, producen almidón y elaboran queso para que las nuevas generaciones puedan conocer y disfrutar los sabores de sus antepasados.
Porque, para muchos compatriotas residentes en Japón, la identidad no se conserva solamente en la memoria. También crece en la tierra, en los cultivos y en cada mesa donde una chipa, un mbeju, una sopa paraguaya o una porción de mandioca vuelve a tener el sabor de casa.
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