Las nuevas regulaciones de la Unión Europea y el acuerdo con el Mercosur empiezan a convertir el impacto social y ambiental en una condición para competir. Marina Arias, directora de la Región Sur de Sistema B, analiza qué implica certificarse como Empresa B y por qué Paraguay tiene ahora una oportunidad para acelerar ese camino.
Durante años, la sostenibilidad fue para muchas empresas un tema de comunicación. Hoy empieza a ser un requisito para entrar a ciertos mercados. Las normativas ambientales europeas, la debida diligencia en las cadenas de suministro y el capítulo de desarrollo sostenible del acuerdo entre la Unión Europea y el Mercosur anticipan que los productos latinoamericanos serán evaluados cada vez más por su impacto social y ambiental.
En ese contexto, la certificación de Empresa B gana peso como herramienta de acceso comercial. «Sabemos que la certificación funciona como una llave para abrir puertas en nuevos mercados. En el mundo, la Certificación de Empresa B es un lenguaje común», afirma Marina Arias, directora de la Región Sur de Sistema B, que abarca Paraguay, Argentina y Uruguay.

Una mirada de 360 grados
Las Empresas B cumplen estándares verificados de desempeño social y ambiental, transparencia y responsabilidad. Pero el requisito que más las diferencia es legal: deben modificar sus estatutos para proteger su propósito y comprometerse formalmente a beneficiar no solo a sus accionistas, sino también a sus trabajadores, clientes, comunidades y al ambiente.
Según Arias, ahí está la diferencia con otras certificaciones de sostenibilidad. La mayoría se concentra en productos, procesos o áreas puntuales de una operación. La certificación B, en cambio, mide el impacto económico, social y ambiental total de la empresa, sin importar su tamaño, industria o mercado.
El factor europeo
El reconocimiento internacional de la certificación no es nuevo, pero en la Unión Europea adquirió una relevancia particular. Además del Pacto Verde y de las exigencias de debida diligencia, el bloque aprobó la directiva conocida como EmpCo, que obliga a las marcas a respaldar con evidencia sus afirmaciones sobre sostenibilidad e impacto.
Arias explica que los estándares de B Lab están alineados con esos requisitos y que el sello de Empresa B es válido en la Unión Europea. La norma no se limita a las compañías europeas: se aplica a cualquier empresa que se dirija a consumidores del bloque, sin importar dónde tenga su casa matriz. Eso incluye tanto a las que ya exportan como a las que planean hacerlo.
La región ya tiene ejemplos. En Argentina, marcas como Bosque Gin y Domaine Bouquet declararon públicamente que la certificación las ayudó a fortalecer su presencia internacional, porque las diferencia y genera confianza ante distribuidores y socios comerciales.

Más que una estrategia de marketing
Para Arias, el error más común es acercarse a la certificación como una herramienta de imagen. «Si una empresa se acerca al Movimiento B buscando solo una herramienta de marketing, difícilmente sostenga el proceso», advierte. El punto de partida puede ser ese, aclara, pero alcanzar los estándares exige integrar el triple impacto al negocio.
La puerta de entrada es la Evaluación de Impacto B, una herramienta gratuita y en línea que se adapta a cada empresa según su industria, tamaño y mercado. Analiza siete áreas: gobernanza y propósito, acción climática, derechos humanos, trabajo justo, circularidad y gestión ambiental, equidad e inclusión, y acción colectiva. También incorpora estándares internacionales como ISO 14000, ISO 26000, Fair Trade, FSC y LEED.
El tiempo que demanda el proceso depende del punto de partida. Algunas empresas ya tienen un modelo de negocio con impacto y solo necesitan medirlo y sistematizarlo, algo que puede resolverse en meses. Para una compañía tradicional que busca transformarse, el camino puede llevar años, porque puede implicar definir un propósito, ajustar procesos internos e incluso repensar el modelo de negocio.
Aun así, Arias destaca que el recorrido tiene valor por sí mismo. La evaluación obliga a revisar cómo se contrata, cómo se eligen proveedores, cómo se desarrolla a los equipos y cómo se vincula la empresa con su comunidad y sus clientes. «Más allá de la certificación, e incluso si no llegan a certificar, la Evaluación de Impacto B es una herramienta que habilita la mejora continua», sostiene.
El momento de Paraguay
En Paraguay, el Movimiento B crece de forma orgánica. Para Arias, la estabilidad y el crecimiento de la industria local abren una oportunidad para que ese desarrollo venga acompañado de sostenibilidad. En la mayoría de los sectores, el impacto positivo todavía funciona como un diferencial. Pero ya es una exigencia en algunos mercados y para quienes buscan integrarse a las cadenas de valor de grandes compañías que deben reportar su gestión socioambiental.
El principal desafío local, según Arias, es la visibilidad: lograr que más empresas conozcan la certificación y las oportunidades de mercado que trae. A los empresarios que todavía ven la sostenibilidad como un costo, les propone empezar por la evaluación. «Cuando se integra la mirada del triple impacto al negocio, aparecen nuevas oportunidades para mejorar procesos, ser más eficientes e innovar», afirma. Hoy, más de 11.000 empresas en el mundo forman parte del movimiento.

Día B 2026
Esa conversación tendrá su próxima cita en el Día B, el encuentro anual que organiza Sistema B Paraguay. La edición de este año se realizará el 21 de octubre, de 9:00 a 16:00, en el Centro de Eventos de Paseo La Galería, bajo el lema «El negocio de hacer las cosas bien». El evento parte de una idea: la rentabilidad y el impacto positivo no son objetivos opuestos, sino una ventaja competitiva.
La jornada reunirá a Empresas B certificadas, mipymes, industrias, exportadoras, emprendedores, academia, sociedad civil y sector público. El programa incluye conferencias con referentes nacionales e internacionales, casos de empresas que transformaron sus modelos de negocio, espacios de networking y un marketplace. En sus ediciones anteriores, el Día B reunió a más de 1.500 participantes.

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