Inteligencia artificial vs. la importancia de mantener activo el cerebro

El avance de la tecnología trae consigo muchas facilidades para el ser humano, al servir en bandeja informaciones y acciones que antes eran exclusivas del raciocinio. Sin embargo, al ser reemplazado en tantas cosas, el cerebro deja de ejercitarse y se limita a la hiperestimulación con las redes sociales y las distracciones en la web. ¿Hasta qué punto es bueno dejar tanto en manos de la IA?

El paso del tiempo y el desarrollo de nuevos descubrimientos son dos factores que, desde la antigüedad, facilitaron tareas al ser humano al permitir que, cosas que antes las hacía con las manos queden a cargo de una máquina. Ejemplo, en las fábricas, donde la incorporación de modernos equipos permitió aumentar la producción y hacer que los obreros tengan que dedicarse a otros oficios.

La comunicación también cambió. Antes, un cable nos ataba a ella con la línea baja de la casa, época en la que, todos sabíamos de memoria al menos dos o tres números de teléfono: el de nuestro domicilio, el de los abuelos o hasta el del colegio. Hoy ya no hay cables y podemos llevar la comunicación a donde sea, pues somos nosotros los que nos atamos a ella.

El avance no se limita a eso, sino que también alcanzó al ámbito educativo. Muchas generaciones vivieron la etapa en que debían ir hasta la biblioteca nacional para conseguir información y resolver el trabajo práctico. Esto implicaba buscar el libro correcto, leerlo y extraer lo relevante, es decir, un importante uso de la razón. Otros estudiantes, con un poco más de suerte y posibilidades, ya tenían consigo la recordada Enciclopedia Encarta, con un contenido amplísimo, pero limitado.

Años más tarde, la aparición de internet se convirtió en un gran aliado, aunque, en sus inicios, solamente unos pocos podían acceder a él, con el agregado de que la velocidad de navegación era muy distinta a la de ahora. En cambio, en la actualidad, tiene suficiente rapidez para este tipo de búsquedas y un contenido ilimitado a un solo clic, algo verdaderamente valioso, si se sabe aprovechar.

Hoy en día, la nueva estrella es la Inteligencia Artificial. Desde su aparición, se le dio un sinnúmero de usos: videos de artistas o famosos ya fallecidos, fotografías trucadas con mucha verosimilitud, imitación de voces para hacer publicidades engañosas, diseños de maquetas, redacciones automáticas a partir de la introducción de un tema o palabras, ediciones de videos, consultorio médico en línea, ayuda psicológica y un largo etcétera.

Cerrarse a la tecnología y rechazar su gran utilidad equivale a anclarse en el pasado y resistirse a la modernización de la vida. Sin embargo, confiar ciegamente en ella y pretender que puede reemplazar en todo al ser humano, roza lo ilógico.

Por citar obvios ejemplos, la Inteligencia Artificial puede conocer los síntomas de una enfermedad, pero no puede dar el diagnóstico que sí lo da un médico a partir de análisis, estudios y un chequeo físico y humano. También es capaz de dar consejos emocionales, pero está muy lejos de escuchar, analizar, comprender los sentimientos y contestar con la calidez de un psicólogo o psiquiatra.

Igualmente, puede redactar un texto sobre el tema que le indiquen, como, las relaciones humanas y la importancia de la socialización. Eso sí, ese texto será bien robótico, automatizado, sin términos coloquiales ni ejemplos locales. Con un lenguaje neutro y sin alma.

Se preguntará usted, amable lector. ¿acaso un texto tiene alma y vida? Pues yo le contesto que sí. Que escribir es también un arte en el que, quien lo hace, utiliza las palabras para graficar ideas, pensamientos, situaciones e ingresar a la mente de quien lo lee, interactuar y conversar como lo hago ahora con usted. En cambio, un texto generado por la IA, puede llegar a ser tan aburrido y cuadrado como un contestador automático o un bot que se limita a la repetición y reproducción.

El aporte de la IA para cualquier ámbito es innegable. Lo ideal sería encontrar un equilibrio y no caer en ninguno de los extremos, ni el rechazo total ni el casarse con ella. También es oportuno seguir dándole oportunidad al cerebro que necesita ejercitarse y continuar aprendiendo e incorporando datos toda su vida, pues sería muy triste tener un Ferrari y guardarlo en el garaje.

Algunas formas de ejercitarlo son: leer, escribir, resolver crucigramas o rompecabezas, caminar, hacer deporte, meditar, permitirse el aburrimiento sin recurrir de inmediato a revisar las redes sociales, fuentes de dopamina, la hormona de la felicidad y el placer instantáneos.

La atención es fundamental para aprender, empatizar, meditar y reflexionar para encontrar las respuestas acordes a toda situación de la vida, sostiene la psiquiatra española Marian Rojas Estapé, en su libro Recupera tu mente, reconquista tu vida.

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