La ampliación de Yacyretá mediante la maquinización del brazo Aña Cuá apunta a convertir un caudal que actualmente se libera por un vertedero en una nueva fuente de generación hidroeléctrica. Con una potencia instalada de 270 megavatios (MW) y una producción estimada de 2.000 gigavatios hora (GWh) anuales, el proyecto busca incrementar en torno al 10% la energía generada por la central principal.

Aña Cuá consiste en la construcción de una nueva central hidroeléctrica sobre el brazo de Yacyretá, donde se instalarán tres turbinas para aprovechar un caudal que actualmente se libera por un vertedero y transformarlo en generación eléctrica. Con una capacidad instalada de 270 MW, esta ampliación de una de las hidroeléctricas de Paraguay permitirá disponer de 135 MW firmes para el país.

La ampliación de Yacyretá mediante la maquinización del brazo Aña Cuá apunta a convertir un caudal que actualmente se libera por un vertedero en una nueva fuente de generación hidroeléctrica. Con una potencia instalada de 270 megavatios (MW) y una producción estimada de 2.000 gigavatios hora (GWh) anuales, el proyecto busca incrementar en torno al 10% la energía generada por la central principal.

Con este nivel de proyección, la expectativa es que Aña Cuá permita mejorar la disponibilidad de electricidad para Paraguay y Argentina. Sin embargo, su ejecución arrastra una historia de intentos fallidos, dificultades contractuales y retrasos que condicionaron su desarrollo, de acuerdo con las explicaciones del Ingeniero Carlos Yorg Mongelós, Gerente de Aña Cuá (Margen Derecha) en la Entidad Binacional Yacyretá (EBY).

El Ingeniero detalló que Aña Cuá se encuentra dentro del complejo hidroeléctrico de Yacyretá, sobre uno de los brazos que rodeaban la isla homónima. Tras la ejecución de las obras principales, ese curso de agua quedó con una extensión aproximada de 25 kilómetros; en ese sector funciona un vertedero que, desde 1996, libera un caudal ecológico de unos 1.500 metros cúbicos por segundo, de acuerdo con las recomendaciones del Banco Mundial.

La necesidad de mantener ese flujo modificó el planteamiento original de Yacyretá, que preveía aprovechar prácticamente todo el caudal del Paraná a través de la central principal y utilizar el vertedero de Aña Cuá únicamente durante las crecidas. La alternativa inicial contemplaba tres minipresas aguas abajo para conservar el espejo de agua del brazo remanente, pero esa opción fue descartada en favor de la liberación permanente del caudal ecológico.

Carlos Yorg Mongelós, Gerente de Aña Cuá (Margen Derecha) en la Entidad Binacional Yacyretá (EBY) - Back PY para Forbes PY
Carlos Yorg Mongelós, Gerente de Aña Cuá (Margen Derecha) en la EBY. – Foto: Back PY para Forbes PY

En ese contexto surgió la posibilidad de instalar una central de generación en el brazo Aña Cuá y aprovechar energéticamente el agua que ya debía circular por allí. Los estudios y las discusiones con la EBY comenzaron en 1996, mientras que el primer proyecto básico fue elaborado en el año 2000, atendiendo los datos de Yorg; posteriormente se registraron tres intentos fallidos de avanzar con la iniciativa, en 2001, 2006 y 2011, siendo recién en 2017 se logró completar el proceso licitatorio y en 2020 comenzaron las obras civiles.

«El Proyecto Aña Cuá consiste en una ampliación del Complejo Hidroeléctrico de Yacyretá, mediante la maquinización del brazo Aña Cuá, donde actualmente hay un vertedero para aliviar las crecidas. La obra permitirá aprovechar un caudal ecológico que se libera desde 1996. De esta manera, el agua que hoy pasa por el vertedero también podrá contribuir a la generación de energía limpia y renovable», puntualizó el Gerente de Aña Cuá.

Una nueva central

El Ingeniero puntualizó que el proyecto contempla la construcción de una casa de máquinas equipada con tres turbinas Kaplan de 90 MW cada una. En conjunto, las unidades aportarán 270 MW de potencia instalada, una capacidad menor frente a los 3.200 MW de la central principal de Yacyretá, que cuenta con 20 turbinas de 160 MW cada una.

La diferencia de escala no reduce el desafío constructivo, pues Aña Cuá debe incorporarse a un complejo hidroeléctrico que lleva más de tres décadas de explotación comercial, sin perder de vista la integración de sus instalaciones con la infraestructura existente. Una vez finalizada, la nueva central será telecomandada desde la sala de operaciones de la central principal.

Aña Cuá - Foto: Gentileza
 Aña Cuá apunta a convertir un caudal en una nueva fuente de generación hidroeléctrica. – Foto: Gentileza

Las estimaciones de la EBY apuntan a una producción anual de alrededor de 2.000 GWh y este aporte adicional permitirá ampliar el aprovechamiento del potencial hidroeléctrico del río Paraná y aumentar la generación sin recurrir a combustibles fósiles. El proyecto, por tanto, representa una ampliación de la capacidad existente y no la construcción de una central independiente del sistema Yacyretá.

«Una vez culminado el proyecto, Aña Cuá producirá unos 2.000 GWh al año, equivalente a un 10% más de energía limpia y renovable respecto de la producción de la Central Principal de Yacyretá. Se trata de una ampliación estratégica para el complejo hidroeléctrico y para los dos países que lo integran», puntualizó Yorg.

Los retrasos y el desafío pendiente

El desarrollo de Aña Cuá estuvo marcado por dificultades contractuales que repercutieron en los plazos de ejecución. Yorg indicó que en octubre de 2024 se reanudaron parcialmente los trabajos mediante un plan de transición centrado en el movimiento de suelos, que se extendió hasta julio de 2025. En agosto de ese año se alcanzó un acuerdo global y se aprobó la Adenda N.º 11, que permitió reactivar todos los frentes, retomar los trabajos de hormigón armado sin restricciones y restablecer los flujos de pago.

De acuerdo con el estado de avance consignado por el Gerente de Aña Cuá, las obras civiles registran un avance del 48%, mientras que los suministros electromecánicos alcanzan el 76%. El cronograma prevé iniciar la operación de la primera unidad en el segundo semestre de 2028 y poner en servicio las dos restantes durante 2029 pero, de todos modos, la paralización desplazó los plazos de los contratos electromecánicos y de fiscalización.

Aña Cuá - Foto: Gentileza
El proyecto contempla la construcción de una casa de máquinas equipada con tres turbinas. – Foto: Gentileza

Más allá de los retrasos, Yorg hizo hincapié en el impacto que representará el proyecto para Paraguay, afirmando que uno de los principales beneficios será la disponibilidad de 135 MW de potencia firme, equivalentes al 50% de la capacidad total de Aña Cuá.

Según el Ingeniero, esa incorporación permitirá que Yacyretá entregue a la Administración Nacional de Electricidad (ANDE) alrededor de 1.000 GWh anuales de energía firme, con potencial para acompañar el crecimiento de la demanda regional en el área de influencia de la central.

En términos económicos, la maquinización del brazo también permitiría generar ingresos adicionales para Yacyretá del orden de US$ 60 millones al año. Para Paraguay, en tanto, se contempla la posibilidad de aumentar las compensaciones por territorio inundado y el resarcimiento de capital a favor de la ANDE. 

No obstante, ambos conceptos están sujetos a cuestiones pendientes: el tratamiento parlamentario argentino de la Nota Reversal de 2017 y la integración del capital inicial por parte de la empresa eléctrica paraguaya, respectivamente.

Un componente ambiental clave

Además de su aporte energético, Aña Cuá incorpora un sistema moderno de transferencia de peces, diseñado para facilitar la migración natural de las especies presentes en el área, especialmente durante sus procesos reproductivos. La instalación busca corregir una limitación del proyecto original de Yacyretá, cuya concepción data de 1973, y presenta mejoras respecto del sistema existente en la central principal.

Con esta infraestructura, la ampliación procura compatibilizar el aprovechamiento hidroeléctrico del río con la conservación del ecosistema. Su finalización permitirá sumar generación renovable a partir de un caudal que ya se libera por razones ambientales, aunque el cumplimiento de los plazos y la consolidación de los beneficios económicos dependerán de la culminación efectiva de las obras y de la resolución de los asuntos pendientes.

Aña Cuá representa así una ampliación estratégica para Yacyretá y una oportunidad para fortalecer la disponibilidad energética paraguaya. Después de décadas de estudios, intentos fallidos y dificultades contractuales, la meta es transformar el potencial de un brazo del Paraná en más electricidad para el sistema, con una primera unidad prevista para 2028 y la incorporación del conjunto en 2029.

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