OrtoDoctor creció bajo un modelo que combina franquicias, formación y gestión empresarial. Para la doctora Edna Moura, representante de la red en Paraguay, el verdadero sentido de su trabajo está en abrir oportunidades para otros profesionales y demostrar que un odontólogo puede construir un negocio sin depender exclusivamente de la atención en consultorio.

a historia de Edna Moura comenzó mucho antes de que asumiera la representación de OrtoDoctor Paraguay. Nació en Cascavel, Brasil, pero a los cinco años se mudó con su familia a Procópio, una pequeña comunidad rural de Alto Paraná. Allí creció en un entorno donde las oportunidades educativas eran limitadas y trabajar desde temprana edad era parte de su realidad.

La escuela a la que asistía tenía una sola aula, donde unos 10 alumnos de distintos grados compartían a la misma maestra. No había computadoras ni clases de inglés. A los 14 años, Moura ya trabajaba para alcanzar sus objetivos. Aquella experiencia marcaría su manera de entender el esfuerzo, aunque entonces todavía no imaginaba hasta dónde la llevaría su recorrido.

«Crecí en un lugar donde las oportunidades no llegaban. No por falta de amor, por falta de puertas», recuerda. Por eso creció con la convicción de que el lugar de origen no tiene por qué determinar el futuro, aunque salir de él exige encontrar caminos que muchas veces no están a la vista.

Su primer impulso empresarial llegó mientras estudiaba Odontología. Casada y con dos hijas pequeñas, recibió el apoyo de su esposo, quien financió su carrera y le entregó un capital inicial para el negocio. Con él, compró ropa femenina y abrió una tienda que fue creciendo.

La tienda se convirtió en una fuente de ingresos para sostener sus estudios, pero también en una primera experiencia de gestión. Moura aprendió a comprar, vender y reinvertir mientras dividía sus días entre la facultad, el negocio y la crianza. La rutina comenzaba temprano y terminaba de noche, con las obligaciones académicas todavía pendientes al regresar a casa.

«Esa tienda me enseñó la primera lección de negocios de mi vida: empezá con lo que tenés, vendé, reinvertí y repetí», explica. 

Años después, esa lógica volvería a aparecer en su trayectoria, esta vez aplicada a un proyecto de mayor escala. Antes de convertirse en una empresaria dedicada a administrar clínicas, sin embargo, tuvo que superar una etapa especialmente exigente de su formación profesional.

Durante la carrera, llegó a cursar clases con 38 semanas de embarazo y debió completar los requisitos de una materia de cirugía antes de dar a luz. Le faltaban tres radiografías para entregar el trabajo práctico, y la posibilidad de no aprobar la asignatura la llevó a pensar en abandonar. Finalmente, regresó a la facultad, completó las extracciones pendientes y presentó la documentación.

Al día siguiente de presentar los documentos nació su hija. Dos semanas después del parto, Moura ya estaba nuevamente en clases a tiempo completo. La graduación fue la confirmación de que podía alcanzar una meta que, durante años, había parecido lejana por las limitaciones de su formación inicial.

«Hoy sé que fue esa mañana, hinchada y con rabia, cuando me recibí. El resto fue solo esperar la fecha de la ceremonia», relata. Con el título de odontóloga en la mano, comenzó a explorar cómo ejercer su profesión y, al mismo tiempo, construir una actividad que no dependiera únicamente de sus horas de trabajo frente a los pacientes.

Su acercamiento al modelo de franquicias se produjo cuando empezó a observar cómo funcionaba en otros sectores. La posibilidad le parecía reservada a quienes contaban con grandes capitales, por lo que inicialmente descartó la idea. Después de atender gratuitamente en una comunidad indígena y trabajar como odontóloga contratada, llegó a OrtoDoctor, una red de clínicas que opera bajo un sistema de franquicias.

La experiencia le permitió conocer de cerca el funcionamiento del negocio. Moura decidió abrir su primera unidad y luego una segunda, mientras seguía trabajando en otros consultorios para financiar las inversiones. En sus propias clínicas, otros odontólogos atendían a los pacientes y ella se concentraba en la gestión. Ese esquema despertó el interés de colegas que también querían emprender.

La demanda de orientación la llevó a organizar charlas y talleres, grabar un curso en línea y desarrollar una mentoría para profesionales que necesitaban aprender a administrar una clínica. 

«Quien vende su propio tiempo tiene un techo: gana hasta cierto punto y se queda ahí»

Para ella, depender exclusivamente de la atención personal también significaba limitar el crecimiento. Con varios odontólogos trabajando en distintas unidades, en cambio, el negocio podía expandirse sin que toda la actividad recayera sobre sus manos.

La oportunidad de ampliar esa visión llegó cuando el propietario de la marca en Brasil propuso vender los derechos de OrtoDoctor para todo Paraguay. El representante local invitó a Moura a participar en la operación, en reconocimiento a su trabajo de formación con odontólogos. Ambos ingresaron como socios en partes iguales para adquirir la franquicia maestra, y con el tiempo ella fue aumentando su participación.

Hoy, como presidenta de OrtoDoctor Paraguay, Moura lidera una red que cuenta con 20 unidades distribuidas en distintas ciudades del territorio nacional. El grupo reúne a cerca de 100 personas entre franquiciados, odontólogos, secretarias, auxiliares y gestores. Sus pacientes llegan desde diferentes puntos del país, además de Brasil y Argentina, atraídos por los servicios de la red.

«Ninguno de nuestros franquiciados tiene una sola unidad, salvo quien acaba de entrar. La mayoría tiene dos o tres. El que más tiene, cuenta con cuatro. Yo no construí una red de clínicas. Construí una red de empresarios», afirma. 

Su trabajo actual está centrado en acompañar a los franquiciados, capacitar a los equipos y buscar oportunidades para fortalecer la operación. También está estructurando una importadora propia para facilitar la compra directa de insumos y trabaja en sistemas de gestión propios. En paralelo, proyecta nuevas unidades en Asunción y el Chaco, además de San Alberto, cerca de la comunidad donde creció.

La expansión, sin embargo, no es el único indicador con el que evalúa su recorrido. Moura encuentra parte del sentido de su trabajo en las historias de quienes llegaron sin experiencia empresarial y consiguieron abrir sus propias clínicas. Una de esas franquiciadas comenzó como empleada, sin consultorio propio, y hoy tiene dos unidades. Para Moura, ver ese crecimiento confirma el valor de un modelo que busca compartir herramientas y oportunidades.

«En Procópio faltaban puertas. Hoy mi trabajo es abrir esas mismas puertas», sostiene. Su próxima etapa apunta a ampliar la presencia de OrtoDoctor en territorios donde considera que todavía hay espacio para crecer. En ese horizonte, su historia vuelve al punto de partida: la niña que salió del interior paraguayo en busca de oportunidades y la empresaria que ahora busca acercarlas a otros.

forbes.com.py