Itapúa reúne atractivos que van mucho más allá de las playas de Encarnación, con las Misiones Jesuíticas, los recorridos por industrias yerbateras y arroceras, las reservas naturales, el turismo de aventura y los circuitos vinculados a las comunidades indígenas. La experta en turismo itapuense, Olga Fischer, destaca el potencial de estas propuestas para ampliar las experiencias de los visitantes y distribuir el movimiento económico entre más localidades.
Itapúa se consolida como uno de los principales destinos turísticos de Paraguay, con una oferta que combina patrimonio histórico, playas, naturaleza, producción y grandes eventos. Según la Encuesta Nacional de Turismo Interno del Instituto Nacional de Estadística (INE) y la Secretaría Nacional de Turismo (Senatur), el departamento recibió 219.699 turistas internos en 2022, ubicándose entre los territorios más visitados del país, sin mencionar que la temporada de verano 2025-2026 dejó una inyección estimada de US$ 30 millones y más de 1.000 empleos directos.
Para Olga Fischer, Presidenta de la Cámara Paraguaya de Turismo de las Misiones Jesuíticas y Vicepresidenta del Consejo de Desarrollo Turístico de Itapúa, el potencial del departamento trasciende el turismo de sol y playa. La diversidad de propuestas permite diseñar recorridos para distintos perfiles de visitantes y extender las oportunidades económicas hacia otros distritos.
«En cuanto a riqueza, tenemos una diversidad tremenda, comenzando con lo patrimonial e histórico de las misiones jesuíticas. También tenemos turismo industrial, con la posibilidad de visitar yerbateras, arroceras y otras industrias, y a eso se suman el turismo de naturaleza y aventura, las playas y los circuitos vinculados a la historia de los inmigrantes; tenemos una gama de propuestas espectacular para mostrar a quienes visitan Itapúa», destacó Fischer.

Tipos de turismo en Itapúa
Fischer explicó que, entre los tipos de turismo realizados en Itapúa, se encuentra el patrimonial, el industrial, el de aventura, el de fe y el de circuitos vivenciales. En el primero se encuentran las Misiones Jesuíticas de Trinidad y Jesús de Tavarangue, algunos de los principales atractivos históricos y culturales; a esto se agregan museos y recorridos por las colonias de inmigrantes, que conectan el patrimonio con la gastronomía y las tradiciones locales.
En el turismo industrial, se encuentran las visitas a yerbateras, arroceras y establecimientos vinculados a la producción de jugos y balanceados, que permiten conocer los procesos industriales del departamento. A decir de Fischer, la experiencia conecta la actividad económica con la identidad productiva del territorio.
En el turismo de aventura, las opciones van desde las reservas naturales, el avistamiento de aves, los saltos y las cascadas, como alternativas para quienes buscan experiencias al aire libre. También hay posibilidades para practicar kayak, canotaje y remo, además de disfrutar de las playas de Encarnación, Carmen del Paraná y San Cosme.
En lo que respecta al turismo de fe y circuitos vivenciales, el Santuario de Itacuá constituye un punto de referencia. Los recorridos que incluyen comunidades indígenas, como Pindó y Guavirami, permiten conocer otras expresiones culturales, siempre mediante coordinación previa y respetando las condiciones establecidas por cada comunidad.

Cuidados e impacto
La promoción de cada uno de los atractivos, sin embargo, requiere planificación e infraestructura, a lo cual Fischer advierte que no todos los sitios están preparados para recibir visitantes de manera segura y que la difusión turística debe acompañarse de condiciones adecuadas de acceso y servicios.
«No podemos invitar a la gente a todos los saltos si faltan baños o no podemos garantizar un camino transitable, tampoco podemos recomendar cualquier playa sin cierto grado de seguridad y control. Asimismo, para visitar a las comunidades indígenas, las personas deben comunicarse previamente, porque existen requisitos especiales; promover el turismo también significa cuidar la experiencia del visitante y respetar los lugares y a sus comunidades», sostuvo.
Por otra parte, el potencial turístico también se refleja en el movimiento económico, pues según las referencias del Observatorio Turístico de Senatur, el gasto promedio general de los turistas extranjeros ronda los G. 1.980.000, mientras que los excursionistas, que no pernoctan, gastan alrededor de G. 500.000. En eventos como el Rally, las estimaciones de gasto diario llegan hasta US$ 285 por visitante extranjero, frente a US$ 81 para visitantes nacionales de otras ciudades y US$ 44 para residentes de Itapúa.
El desafío es transformar esos picos de actividad en una dinámica sostenida, a lo cual Fischer plantea generar eventos regulares durante todo el año y mejorar la conectividad aérea, con la posibilidad de contar con vuelos entre Asunción y Encarnación. La meta es ampliar las oportunidades para los jóvenes y lograr que el turismo impulse el empleo, los servicios y la inversión más allá de la temporada alta.
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