El paro en la planta surcoreana de Ulsan por la llegada proyectada de 25.000 robots Atlas sentó un precedente global. Ante la falta de normativas laborales y leyes de convivencia entre máquinas y personas, las empresas aceleran la automatización mientras los trabajadores exigen poner límites.
Cuando los trabajadores van a huelga por temor a que los robots les quiten sus trabajos, la era de la automatización con humanoides deja de parecer una posibilidad lejana y pasa a sentirse muy real. Eso fue exactamente lo que ocurrió en julio en la fábrica de Hyundai en Ulsan, una de las principales ciudades industriales de Corea del Sur. Los trabajadores realizaron paros parciales y dejaron claro que los robots humanoides no deben incorporarse sin su consentimiento.
Por ahora, ningún robot humanoide trabaja en esa planta. Hyundai planea comenzar a incorporarlos en 2028 y prevé que ocupen puestos en el ensamblaje de componentes a partir de 2030. Sin embargo, los trabajadores ya expresaron su rechazo.
Sería la primera vez en el mundo que el plan de incorporar robots humanoides a una fábrica provoca una medida de fuerza sindical. Y probablemente no sea la última.
Los robots humanoides prometen enormes mejoras en la productividad. Podrían asumir tareas repetitivas, físicamente exigentes o peligrosas, mientras las personas se ocupan de trabajos para los que las capacidades humanas resultan más adecuadas. El problema es que la tecnología puede avanzar más rápido que la capacidad de la sociedad para afrontar sus consecuencias.

Las empresas aceleran sus planes para un futuro en el que los robots humanoides trabajen junto a las personas, pero las regulaciones, los convenios laborales y las protecciones para los trabajadores todavía están rezagados. Por eso, el conflicto de Hyundai representa mucho más que una disputa sindical local. Podría ser una primera señal de una de las mayores batallas laborales de la próxima década.
El reglamento que todavía no existe
Los robots que provocaron el conflicto son modelos Atlas, humanoides desarrollados por Boston Dynamics, la compañía de robótica que Hyundai adquirió en 2020. Según el Seoul Economic Journal, poco después de que se conocieran los planes de la automotriz, aparecieron carteles en las calles de Ulsan con reclamos para que los puestos de trabajo de las personas no quedaran en manos de los robots.
Lo cierto es que los robots humanoides están a punto de desembarcar en industrias que todavía no tienen demasiado claro cómo afrontarán su impacto. Ningún país aprobó hasta el momento una legislación que establezca reglas o medidas de seguridad sobre la convivencia entre robots y personas dentro de las fábricas. Y ninguna empresa, al menos de manera pública, presentó un plan convincente para mitigar el impacto en la vida de quienes podrían perder tareas o puestos de trabajo debido a estas máquinas.
La Administración de Seguridad y Salud Ocupacional de Estados Unidos (OSHA), el organismo que regula la seguridad laboral en ese país, todavía no terminó de redactar la norma ISO oficial destinada a los robots móviles capaces de mantener el equilibrio por sí solos.
Al mismo tiempo, el sindicato de Ulsan parte prácticamente de cero para negociar un convenio laboral que contemple la llegada de robots humanoides a puestos que tradicionalmente ocupaban personas. Cualquiera que sea la forma que adopte ese acuerdo, las empresas de todo el mundo lo estudiarán con atención, porque saben que probablemente enfrentarán desafíos similares en poco tiempo. La propia Hyundai intentará ceder lo menos posible para sacar el mayor provecho de la compra de Boston Dynamics, una operación valorada en miles de millones de dólares.
Toda tecnología capaz de provocar cambios profundos, como ocurrió con la aviación, la energía nuclear o los medicamentos, necesitó un marco regulatorio que controlara los riesgos para la seguridad de las personas y de la sociedad. En el caso de los humanoides, todavía no existe nada similar. Sin embargo, muchas compañías avanzan con su incorporación, por lo que quienes esperan obtener ganancias son, por ahora, los que marcan las reglas.
La política de los humanoides
La incorporación de humanoides a la fuerza laboral es claramente una cuestión política y social, así como tecnológica e industrial. Sin embargo, hasta ahora esas voces casi no participaron de la discusión. Al igual que ocurrió con las otras tecnologías transformadoras mencionadas anteriormente, predomina una postura de «esperar y ver qué pasa». En este caso, sostengo que el impacto podría ser mucho mayor y también más perjudicial.
Anticipar las consecuencias de este cambio, en lugar de reaccionar una vez que ya se produjo, beneficia a todos. Si las empresas avanzan con una transformación de esta magnitud (Hyundai planea incorporar 25.000 unidades Atlas), los gobiernos podrían enfrentarse rápidamente a nuevas medidas de fuerza y a un rechazo social más amplio.
Eso podría derivar en restricciones y regulaciones que reduzcan las posibilidades de aumentar la productividad y el crecimiento que esta tecnología permite. A su vez, podría provocar una caída drástica de la confianza que los trabajadores depositan en las empresas para proteger sus intereses y medios de vida. Frenar simplemente la incorporación de la tecnología difícilmente sea la respuesta, porque solo postergaría lo inevitable. En cambio, los gobiernos y la sociedad necesitan acelerar su reacción y seguir la velocidad a la que avanza la industria.
Los trabajadores de Hyundai podrían ser los primeros en protestar, pero detrás de ellos probablemente aparecerán millones de empleados de la industria manufacturera, la logística, el comercio minorista y la salud. Si consideran que sus intereses no están protegidos, expresarán su rechazo a las medidas de fuerza y también en las urnas. Y quienes impulsan la transformación digital de la industria enfrentarán entonces un problema mucho mayor que un conflicto sindical en una sola fábrica de Corea del Sur.
*Esta nota fue publicada originalmente en Forbes.com.











