El organismo prevé que América Latina y el Caribe se expanda 2,2% este año y destaca al país entre los casos de éxito por su estabilidad macroeconómica, sus exportaciones agrícolas y la consolidación del grado de inversión.
En un continente que sigue sin encontrar un motor de crecimiento sostenido, Paraguay vuelve a destacarse. El Banco Mundial proyecta que la economía paraguaya crecerá 4,7% en 2026, más del doble del promedio regional, y la ubica entre los países que, gracias a decisiones de política económica sostenidas en el tiempo, logran resultados superiores al resto.
Así lo señala la edición de octubre del Panorama Económico de América Latina y el Caribe, el informe semestral del organismo, que estima que la región crecerá 2,2% este año, apenas por debajo del 2,4% registrado en 2025. Según el documento, ese desempeño moderado refleja el equilibrio de políticas actual y no el potencial de la región, y los países con mejores resultados demuestran que es posible crecer más incluso sin un auge de las materias primas.

Un desempeño sostenido
El caso paraguayo no responde a un año excepcional, sino a una tendencia. El informe destaca que el país viene registrando tasas de crecimiento que superan sistemáticamente el 4% anual, respaldadas por un marco macroeconómico estable y una demanda interna sólida.
Las cifras lo confirman: tras crecer 5,3% en 2023, 4,7% en 2024 y 6,6% en 2025, la economía se expandiría 4,7% en 2026, 4,1% en 2027 y 4% en 2028. Entre los factores que explican ese dinamismo, el Banco Mundial menciona las sólidas exportaciones agrícolas, la ampliación de la generación de electricidad y la estabilidad que sustenta la inversión y el consumo.
El organismo también resalta que Paraguay consolidó un grado de inversión que le costó alcanzar, una calificación que, según el informe, reforzó la confianza de los mercados internacionales.

Sudamérica, a dos velocidades
La comparación con sus vecinos evidencia la distancia. En Sudamérica, solo Guyana, impulsada por el boom petrolero, crecerá más que Paraguay en 2026, con una expansión estimada de 23,7%.
El resto de la región muestra un ritmo considerablemente menor. Perú crecería 3,2%, apoyado en el cobre y la inversión en infraestructura; Ecuador, 2,8%; y Colombia, 2,3%, en un contexto agravado por el terremoto del Chocó y una inflación persistente. Brasil y Argentina avanzarían 2,1% cada uno: el primero, condicionado por una política monetaria restrictiva, y el segundo, en medio de un proceso de reformas que, según el informe, le permitiría encadenar tres años consecutivos de crecimiento por primera vez en casi dos décadas.
En el extremo opuesto, Uruguay crecería apenas 1,2%, afectado por la sequía y la caída en los rendimientos de la soja; Chile, 0,8%, golpeado por el deterioro del mercado laboral y la menor producción minera; y Bolivia se contraería 2,8%, mientras atraviesa un proceso de estabilización que incluyó la reducción de subsidios a los combustibles y la adopción de un tipo de cambio flexible.

Oportunidades en el horizonte
El informe identifica factores externos que podrían favorecer a la región y, en particular, a los países del Mercosur. El acuerdo entre el bloque y la Unión Europea entró en vigor de manera provisional el 1 de mayo de 2026 y, una vez implementado por completo, debería ampliar el acceso a mercados y las opciones de diversificación comercial. A eso se suma el tratado de libre comercio entre el Mercosur y Singapur, que entró en vigor a lo largo del año.
El Banco Mundial también advierte que la reconfiguración de las cadenas de suministro globales, la transición energética y la expansión de la inteligencia artificial abren espacio para que la región capte nuevas inversiones, en un escenario en el que la matriz de energía limpia gana relevancia.

Los riesgos
El panorama, sin embargo, no está exento de amenazas. Según el informe, los riesgos siguen inclinados a la baja. El conflicto en Medio Oriente añadió volatilidad a los precios de la energía y los alimentos, lo que frenó el proceso de desinflación y llevó a varios bancos centrales a pausar o endurecer su política monetaria. Las altas tasas de interés reales continúan restringiendo el crédito y la inversión privada, mientras que el espacio fiscal de muchos países está limitado por el peso de la deuda.
A esto se suma la posible llegada de El Niño, que podría afectar la producción y presionar al alza los precios de los alimentos y la energía, un factor especialmente sensible para economías con fuerte peso agrícola como la paraguaya.

El desafío de la productividad
Más allá de la coyuntura, el Banco Mundial insiste en que la región necesita nuevos motores de productividad. En ese sentido, dedica buena parte del informe a la inteligencia artificial, que considera un posible catalizador, aunque advierte que el acceso a la tecnología no garantiza por sí solo mayores niveles de productividad.
Para que la IA impulse el crecimiento en lugar de ampliar las desigualdades, el organismo sostiene que América Latina debe superar barreras estructurales como la informalidad, el rezago en la incorporación de capital y los déficits de capital humano y gerencial. Según el informe, la principal restricción de la región no es el acceso a los modelos más avanzados, sino su capacidad para absorberlos y convertirlos en resultados económicos concretos.












