La industria comercial nacional busca ampliar su papel con servicios, entretenimiento y desarrollos de usos mixtos. De este modo, el crecimiento de los shoppings en Paraguay ya no se concentra exclusivamente en la apertura de tiendas, sino en responder a las necesidades de cada comunidad, convirtiendo los espacios en pequeñas ciudades.
Los centros comerciales paraguayos atraviesan una transformación que va más allá de la apertura de locales o la ampliación de sus instalaciones. Tras años de crecimiento en tráfico y ventas, el sector avanza hacia un modelo que combina comercio, gastronomía, entretenimiento y servicios con otros usos urbanos, como oficinas, viviendas y espacios vinculados a la salud y la educación, con el desafío de desarrollar propuestas que respondan a las necesidades de cada comunidad y conviertan al shopping en parte de la rutina cotidiana.
Entre 2021 y 2025, la industria registró cinco años de crecimiento de dos dígitos en tráfico y ventas, según Andrés Kemper, Presidente de la Cámara de Centros Comerciales del Paraguay (CCCPy). En 2026, sin embargo, el ritmo comenzó a normalizarse, pues durante el primer semestre, las transacciones crecieron alrededor de un 4%, con diferencias según los rubros; para Kemper, esta evolución debe analizarse sin confundir el desempeño comercial de un período con el desarrollo de largo plazo de la industria.

El crecimiento estuvo acompañado por nuevas inversiones, ampliaciones, incorporación de marcas y una oferta cada vez más profesional. Sin embargo, las oportunidades ya no se concentran únicamente en Asunción, atendiendo que en distintas ciudades del país todavía existe espacio para desarrollar comercio formal, servicios y lugares de encuentro, lo que impulsa una mirada más amplia sobre el papel que pueden cumplir estos emprendimientos.
«En muchas ciudades todavía existe espacio para desarrollar comercio formal, servicios y lugares de encuentro. El crecimiento ya no se explica solamente por abrir más tiendas en Asunción. La oportunidad está en conocer qué necesita cada comunidad y hacer proyectos que respondan a esa demanda», afirma Kemper.
Del consumo a la experiencia urbana
Kemper puntualizó que uno de los principales cambios está relacionado con la manera en que las personas utilizan los espacios de los centros comerciales, pues la visita a un shopping ya no está asociada exclusivamente a la compra de indumentaria, electrodomésticos u otros productos. Comer, llevar a los hijos a una actividad, encontrarse con amigos o resolver necesidades cotidianas también forman parte de la experiencia que buscan los visitantes.
En ese contexto, gana protagonismo el concepto del shopping como un tercer espacio, después del hogar y el trabajo. El objetivo es que el centro comercial forme parte de la vida diaria de las personas y no dependa únicamente de las jornadas de mayor consumo; así, la comodidad, la seguridad y la posibilidad de reunir distintas actividades en un solo lugar se convierten en factores relevantes para atraer público.
La gastronomía, el cine y el entretenimiento mantienen un lugar importante, mientras se incorporan propuestas culturales, deportivas y recreativas, además de servicios relacionados con la salud y el bienestar. Los espacios para compartir también adquieren valor, incluso cuando la visita no culmina en una compra.
Kemper menciona como ejemplo la experiencia del Mundial, cuando algunas personas eligieron los shoppings para ver los partidos por la oferta gastronómica, la seguridad y la posibilidad de compartir el encuentro. El episodio refleja cómo una actividad puede generar movimiento y fortalecer el vínculo con el público, aunque no esté directamente relacionada con las ventas de las tiendas.
La apuesta urbana
La evolución de los centros comerciales también se refleja en los desarrollos de usos mixtos, que buscan integrar el comercio con oficinas, viviendas, salud, educación y entretenimiento. A decir de Kemper, esto se trata de una transformación que modifica desde el diseño hasta la operación de los proyectos, con diferentes accesos, circulación, horarios, estacionamiento y espacios comunes.
El cambio de enfoque tiene implicancias económicas, pues la incorporación de distintos servicios y actividades apunta a generar visitas en varios momentos del día y diversificar las fuentes de ingresos, en lugar de concentrar la actividad en las compras de los fines de semana. No obstante, una mayor superficie o más usos no garantizan por sí mismos la rentabilidad.
«Desde el negocio, la idea es generar visitas por distintos motivos y en diferentes momentos del día, en lugar de depender solamente de las compras del fin de semana. Eso puede diversificar ingresos y darle más estabilidad al proyecto, pero no garantiza rentabilidad», sostuvo Kemper.
Así, reconoció que la viabilidad de estos desarrollos exige evaluar la demanda, la ocupación, las ventas de los locales, los costos operativos y el financiamiento. Los proyectos mixtos también requieren una coordinación más compleja y pueden demandar mayores inversiones, por lo cual la clave está en que cada espacio incorporado tenga una función definida y responda a una necesidad concreta.
Los próximos desarrollos, anticipa Kemper, prestarán mayor atención a los espacios abiertos, la sombra, la accesibilidad y la eficiencia energética, además de utilizar datos para comprender mejor las preferencias de los visitantes. En ese escenario, la competencia ya no dependerá únicamente del tamaño de la infraestructura, sino de la capacidad de interpretar las particularidades de cada comunidad y sostener un modelo de negocio viable en el tiempo.
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