El psiquiatra Marcelo O’Higgins explica cómo reconocer las señales de depresión y ansiedad y cuándo buscar ayuda profesional.

No siempre es fácil reconocer cuándo el malestar emocional deja de ser pasajero y comienza a afectar la vida cotidiana. El cansancio persistente, la dificultad para dormir, la pérdida de interés por actividades que antes disfrutábamos o la sensación de no poder con todo pueden ser señales que merecen atención.

Pedir ayuda no es un signo de debilidad. La depresión y los trastornos de ansiedad pueden tratarse, y reconocer sus señales es un primer paso para buscar atención profesional.

Estrés, ansiedad y depresión

El estrés es la respuesta del organismo ante una exigencia, como un examen, una deuda o un conflicto laboral. En principio, es adaptativo y ayuda a resolver el problema. La ansiedad, en cambio, se relaciona con la anticipación de amenazas y puede manifestarse como preocupación, tensión o miedo, incluso sin un estímulo claro.

La depresión puede manifestarse con tristeza persistente o pérdida del interés y del placer, además de falta de energía y sentimientos negativos sobre uno mismo o el futuro

Estos estados se convierten en un problema de salud cuando son intensos, persisten o interfieren con la vida cotidiana, explicó el doctor Marcelo O’Higgins, profesor asistente de la Cátedra y Servicio de Psiquiatría de la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad Nacional de Asunción (FCM – UNA).

Prestar atención al estrés y la ansiedad

La clave está en tres criterios: Duración, intensidad e interferencia. “Una respuesta normal aparece ante la situación y se apaga cuando esta se resuelve. Hay que prestar atención cuando el malestar persiste semanas después de que la causa pasó, o cuando la persona vive en estado de alerta constante aunque no exista un peligro inmediato”, indicó.

Las señales concretas incluyen dormir mal de forma sostenida, irritabilidad, dificultad para concentrarse, sensación de no poder ‘desconectar’ y síntomas físicos como palpitaciones, tensión muscular, dolores de cabeza, problemas digestivos o falta de aire. También son señales de alerta, evitar situaciones cotidianas, como salir o manejar, o recurrir al alcohol, a tranquilizantes sin indicación médica o a otras sustancias para sobrellevar el día. Cuando el malestar empieza a decidir por uno lo que puede o no puede hacer, ya dejó de ser una respuesta puntual.

¿Tristeza o cuadro depresivo?

“La tristeza ante una pérdida, una separación o un fracaso es una reacción normal”, explicó O’Higgins. Suele presentarse en oleadas, estar vinculada con lo ocurrido y disminuir de intensidad con el tiempo.

“En la depresión, el estado de ánimo bajo se vuelve persistente. Está presente la mayor parte del día, casi todos los días, durante al menos dos semanas. Lo más característico no es solo la tristeza, sino también la pérdida de la capacidad de disfrutar de lo que antes gustaba. A eso se suman cambios en el sueño y el apetito, cansancio marcado, dificultad para concentrarse, sentimientos de culpa o inutilidad, y en ocasiones pensamientos o conductas relacionadas al suicidio”, refirió.

Señales de depresión que pasan desapercibidas

O’Higgins mencionó que muchas depresiones no se presentan como tristeza y que con frecuencia la persona consulta por cansancio que no mejora con el descanso, insomnio (sobre todo despertarse muy temprano sin poder volver a dormir) o, al contrario, dormir de más.

“También pueden aparecer dolores de cabeza, espalda o estómago sin una causa clara”, expuso. Otras señales frecuentes son la irritabilidad y el mal humor, especialmente en varones y adolescentes; la pérdida de interés por actividades o personas que antes importaban; el aislamiento progresivo; la lentitud para pensar o tomar decisiones, que se confunde con ‘desmotivación laboral’; la caída del rendimiento; el descuido del aspecto personal; y el aumento del consumo de alcohol u otras sustancias.

“En personas mayores puede parecer un problema de memoria, incluso llegando a parecer un deterioro cognitivo. Y en nuestro medio, muchas personas lo describen como ‘nervios’ o ‘falta de ganas’, sin reconocerlo como un problema de salud mental”.

Herramientas concretas y cuándo buscar ayuda

Mantener horarios regulares de sueño, una alimentación equilibrada y actividad física adaptada a las posibilidades de cada persona puede contribuir al bienestar emocional. También ayuda a reducir el consumo de alcohol y cafeína, a limitar el uso de pantallas por la noche, a practicar técnicas de respiración y a hablar con alguien de confianza. Evitar el aislamiento es una de las medidas protectoras más importantes.

“Si el malestar persiste, afecta las actividades cotidianas o dificulta las relaciones personales, es importante consultar con un profesional de salud mental. No es necesario esperar a que los síntomas se agraven para pedir ayuda”, sostuvo.

Dónde pedir ayuda

Los pensamientos de muerte o de hacerse daño requieren atención inmediata. En Paraguay, la línea 155 del Ministerio de Salud Pública ofrece contención telefónica gratuita las 24 horas, todos los días.

También se puede acudir a los servicios de urgencias psiquiátricas del sistema público, entre ellos el Hospital Psiquiátrico y el Hospital de Clínicas (dependiente de la UNA).

UH